martes, 12 de marzo de 2013

"INSEGURIDAD EN EL PERÚ Y TACNA"
 




La inseguridad generada por la presencia de la violencia y la delincuencia no es un problema reciente en la sociedad peruana. Durante la década pasada el Perú sufrió los efectos de un fenómeno subversivo muy violento, que dio como resultado cerca de 30,000 muertos y unos 25 mil millones de dólares en pérdidas materiales.
Cuando en 1992 fue capturado el líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán,
dando inicio a la rápida derrota de la principal organización terrorista peruana, todo hacía suponer que el delicado escenario anterior había sido por fin superado.
Sin embargo, la disminución de la violencia política a niveles inocuos para la
seguridad nacional permitió ver con mayor claridad un fenómeno que venía desarrollándose
desde años atrás: la violencia delincuencial.
Esto planteó nuevos retos a la política de seguridad del país. Los daños que
produce la delincuencia son elevados para el tamaño de la economía peruana y, por otro
lado, generan un clima de desconfianza muy perjudicial para la organización social.

Además, a diferencia de lo que ocurrió con la subversión, esta vez no se tenía al
frente un problema cuyas características podían ser definidas sin dificultad. La delincuencia
común es un fenómeno muy complejo que no responde a criterios organizacionales ni a estrategias puntuales.
Pero, el panorama de la inseguridad en Perú tiene otros factores importantes en su
composición. El narcotráfico es uno de ellos. Durante la presente década esta actividad
ilícita viene postrando una suerte de “reconversión”, exigida por las variaciones de los
precios internacionales de los estupefacientes y las políticas de interdicción llevadas a cabo
en la región latinoamericana.
Los resultados, hasta el momento, han sido la reducción de las áreas de cultivo de coca y, por otro lado, que el Perú deje de ser un exclusivo productor de materia prima para pasar a ser productor final, es decir, de clorhidrato de cocaína.
Una de las consecuencias de estos cambios en el “negocio”de las drogas es el explosivo aumento del consumo interno de estas sustancias, especialmente en el mercado urbano.
Por otro lado, la violación de los derechos humanos también debe ser incorporada como un factor importante que afecta la seguridad del país. Si bien se reconoce internacionalmente que Perú ha avanzado significativamente en este campo durante los últimos años, es obvio que aún subsisten graves problemas al respecto.
Al lado de estas manifestaciones ilícitas se encuentran aquellos actos de violencia que atentan contra la seguridad de los ciudadanos, los cuales no son considerados como ilegales por la población. Entre ellos, los más notorios son la violencia doméstica ejercida contra las mujeres y los niños y, por otro lado, los accidentes de tránsito. En ambos casos el Perú muestra un rápido crecimiento de casos que resulta muy ilustrativo para medir el deterioro de las condiciones de vida.

Todas estas expresiones que fomentan, de una u otra manera, el sentimiento de inseguridad de la población peruana son sin duda síntomas de graves problemas que radican en la sociedad. Sin embargo, esta explicación es parcial. El otro lado del problema es la incapacidad institucional para hacer frente a esta
realidad. Es un hecho que la policía peruana se encuentra sumida en una profunda crisis de
manera tal que bien podría formar parte del problema, dado la gran cantidad de efectivos que se hallan comprometidos en actos delictivos.
Asimismo, las otras instituciones públicas que guardan relación con la seguridad pública, como son el Poder Judicial y el sistema penitenciario, también procesan sus propias crisis y resultan inadecuados para las circunstancias actuales que presenta el país. La falta de respuesta por parte del Estado ha motivado que la sociedad opte por algunas formas de defensa que, salvo algunas excepciones -como los “serenazgo" 
organizados por las municipalidades de Lima Metropolitana-, son más bien espontáneas y sin ningún control institucional.
Estas respuestas sociales no sólo son onerosas e ineficaces sino también peligrosas y contraproducentes para disminuir la inseguridad. En los barrios urbanos marginales, por ejemplo, son cada vez más frecuentes los linchamientos tumultuosos de supuestos delincuentes.
De esta manera, la seguridad ha devenido en un aspecto prioritario para la agenda que debe desarrollarse en Perú. La población se siente más amenzada que nunca por la delincuencia, los empresarios están preocupados por sus costos de seguridad y las autoridades buscan diseñar estrategias adecuadas para un problema urgente.
Debemos tomar en cuenta tres aspectos :La primera es un diagnóstico de los principales desafíos de la seguridad en el país, a saber, el narcotráfico, el terrorismo, la protesta social y la delincuencia. La segunda, un análisis de las principales instituciones responsables y de sus problemas. La última, la agenda de lo que hay que hacer.








¿QUE HACER CON LA INSEGURIDAD DEL PERÚ?

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